La
llegada al Heliopuerto de Lurk fue un poco
aparatosa por el tiempo pero sin ningún problema. Tomó su maleta de mano, su
bastón, su sombrero y salió a la terminal de llegadas. No esperaba que nadie
fuese a buscarle porque no avisó de su llegada, así que al ver un joven
sosteniendo un cartel con su nombre le extrañó y le hizo recelar, parándose
unos segundos y obligando a que le esquivasen los pasajeros que iban detrás de
el. Miró al sujeto. El joven no parecía percatarse de su presencia pues seguía
mirando distraídamente a los grupos de personas que salían por la puerta
bautizada con el nombre de "Llegadas". Alfred arqueó una ceja y con
una media sonrisa se decidió a acercarse al joven. En el momento que se
apartó del flujo principal, el muchacho con el cartel y vestido de chofer le
miró directamente y sin titubear a la cara. Quedaba claro que ya lo había
reconocido. Antes de que Alfred se pudiese presentar, el joven extendió el
brazo, tomó el maletín cuadrado de cuero de yak y se dirigió a la salida.
Alfred tampoco quiso hacer ninguna pregunta porque empezaba a intuir que ese
"chico" tenía algo peculiar que seguro no le iba a gustar y le siguió
a lo largo de la descomunal y eterna estancia que era la Terminar Cuatro del
Heliopuerto. Ya cuando salieron a la calle, a un frío día y con la peligrosa
presencia de nubes negras, el chico se dirigió a un Alfa Romeo Pescara del 35,
un coche negro de cristales tintados, carrocería elegante aunque modificado
para llevar más asientos que el de piloto y copiloto y le invitó a entrar en la
parte de atrás. Alfred miró en su interior antes de entrar y al ver que no le
esperaba nadie, se acomodó en el centro del asiento. Dejó el bastón en el suelo
del mismo y el sombrero a su derecha. El chico se sentó en el asiento del
conductor y tras un leve chasquido, el vehículo se puso en marcha con el típico
zumbido. Al poco de iniciar la marcha, tocó un botón en un panel que Alfred
atisbó en el salpicadero y un cristal negro se elevó para aislar las dos partes
del vehículo y, en ese momento empezó a plantearse si había tomado al decisión
correcta. Casi leyéndole el pensamiento, una pantalla de un monitor disimulada
en el reposacabezas del conductor se iluminó con un zumbido y tras la aparición
y ensanchamiento de un punto de luz, pudo ver el rostro de un hombre de edad
indefinida, con bigote largo, fino y bien cuidado que le miraba de forma
curiosa.
Una voz inundó el habitáculo del coche.
--"Buenas
tardes tenga Señor. Es de agradecer que haya aceptado nuestra invitación y de
igual manera, le agradecemos que no haya hecho esperar demasiado a nuestro memo."--Al nombrar al memo,
la cabeza se inclina hacia la izquierda y hacia atrás como señalando al
conductor. --" Esperamos que haya tenido un viaje agradable pero nos
disgusta que no haya querido informar de su visita." El hombre deja de
hablar y cuando Alfred, tras reponerse de la impresión inicial intenta esbozar
una disculpa, prosigue.
--"La
cuestión es que queríamos hacerle ver que, mientras esté nuestro contrato en
vigor, siempre sabremos dónde está. Es la mejor forma de asegurarnos que
nuestro negocio llegue a buen puerto. El memo le lleva ahora mismo a su hotel.
Reconocemos que nos ha costado mucho encontrarlo, en ese aspecto ha tenido
mucho cuidado en la elección. Es interesante." Hace una pausa, se atusa el
bigote y prosigue. --"Esperamos verle mañana en la sede para poder
comentar algunos detalles. Tenga buena tarde." La imagen desaparece
convirtiéndose en una línea gruesa de luz y posteriormente en un punto que se
mantiene en el centro de la pantalla hasta que el zumbido de estática
desaparece, desapareciendo con el.
Alfred simplemente sonríe.

