Una vez de vuelta en su
habitación, la indignación por el trato sufrido se mantenía pero la rabia se
había disipado. Lanzó con
desprecio la carpeta con los papeles sobre la cama sin ningún cuidado. A medio
camino la carpeta se abrió y vertió los papeles dejando un reguero hasta chocar
con la cama. Se quitó el abrigo y lo dejó sin cuidado alguno en el perchero. El
bastón lo apoyó sin mirar en la pared y se deslizó hasta chocar con el suelo.
La chistera simplemente apareció en el suelo.
Alfred se sentó en la cama y miró
al frente. << Malditos chupatintas
y mentecatos. Malditos viejos desfasados y desgraciados. No han prestado
atención a nada de lo que les he contado y solo me han preguntado si había
encontrado pruebas materiales.>> La indignación se dibujaba en su
rostro. Los guantes eran más un gurruño de tela retorcida y arrugada entre sus
manos. <<¿Entonces para que narices
me he gastado un pastón en un neuromental? Para documentar todo
pormenorizadamente. Pero no, ellos quieren algo que se pueda tocar. ¡Maldita
sea!>>; Bajo la vista y mirando al suelo se acordó de la cajita bajo
la cama. Dejó los guantes a un lado, se tumbó en el suelo y tomó con las dos
manos la cajita. La volvió a mirar… <<!Qué
diantres! ¿por qué no?>>. Se levantó, dejó la cajita sobre la cama y
fue hacia su maletín. Allí extrajo sus herramientas, un Wolfímetro y unos
guantes Goltzmann, volvió a la cama sentándose en el suelo y dejó todo al lado
de la cajita. Primero activó el Wolfímetro y lo paso por todas las caras de la
cajita. La máquina soltaba chasquidos, zumbidos pero en la pantalla no
registraba la presencia de ningún campo eléctrico ni magnético. Eso extrañó a
Albert ya que el material y el diseño de la misma daba a entender todo lo
contrario. Después se puso los guantes y los activó. Ahora los movimientos eran
más fluidos y precisos, en la punta de los dedos fue insertando distintas
herramientas y cuando se consideró preparado, empezó a revisar la cerradura.
Introdujo dos sondas, una de ellas magnética y tras unos minutos escuchó un
“clic” muy tenue. Sabía que esa era una de las varias trampas insertadas.
Esperó unos segundos y al ver que no pasaba nada, prosiguió. Tras varias horas,
un par de descansos, y tres accesorios de los guantes rotos, escuchó como la
cerradura se abría. Se le podía ver nervioso, un poco ansioso pero sobretodo
inquieto, pero la decisión ya había sido tomada y llevada a cabo. Estaba seguro
que había conseguido eliminar todas las trampas, así que se quitó los guantes y
con mucho cuidado empezó a abrir la tapa de la cajita. En el interior, tras
abrir la tapa se activaron dos pequeñas luces y vio que el interior de la caja
estaba forrado de terciopelo negro y que contenía dos objetos: una punta de
silex y un anillo de oro. Al levantar la vista, en la parte interna de la tapa había
un papel apergaminado con el sello y ponía con letra estilizada: Alfred. Un pico en la pantalla del Wolfímetro
se dibujó durante unos segundos mientras Alfred se qedaba mirando el papel y se
extinguió con la misma rapidez con la que apareció.
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