miércoles, 24 de octubre de 2012

Guerras Ofídeas, Sesión 7, segunda parte






  Mientras tanto, el resto de Acólitos acompañaron a Callidus dentro del edificio del Administratumo. Tras consultar al servidor, consiguieron una audiencia con el Adeptus Magister Derecus, administrador jede del Sector 1 de la Colonia industrial bajo Tlung-Ar y subcontinental. Su despacho ocupaba toda la octava planta del edificio. Nada mas abrirse es ascensor, notaron como un ambiente muy húmedo les golpeaba la cara. Pasar de una zona seca y a 25ºC a otra donde la humedad relativa del aire rondaría el 70 % y la temperatura ambiente estaba sobre los 34ºC, datos lanzados chillonamente por los termolitos integrados en las chaquetas ambientales que adquirieron nada mas llegar al planeta, hizo que todos notasen un calor sofocante, empezasen a sudar copiosamente y alguno hasta boquease buscando más aire. La estancia de espera estaba repleta de plantas verdes, plantas de todo tipo y condición que, por supuesto, ninguno conocía. Había hasta árboles tan altos como la estancia. Tras atravesarla, mirando a todos los lados y escuchando el trino de pájaros que se escapaban a la vista, llegaron a una puerta de madera negra de cuatro metros de altura por tres de ancho, toda tallada con motivos vegetales. Justo en el momento que Callidon y el resto (Escarlata, Tybalt e Ignace) estuvieron en frente de la puerta, ésta se abrió silenciosa y suavemente dejando ver un amplio despacho, con menos plantas pero un par de fragancias fuertes. Una alfombra verde-azulada rectangular delimitaba un camino desde la entrada hasta la mesa de trabajo donde se encontraba el Adeptus Magister, un hombre calvo, con ropajes ostentosos y de tonos verdes, nada equivalentes a los típicos del Monitorum, orondo y con un implante craneal delicado, con forma de semicorona de hojas de una planta desconocida para los Acólitos. Al levantar su rostro, vieron a un hombre de más de 80 años, con signos claros y completamente inequívocos de haber sufrido al menos un rejuvenecimiento, con el pabellón auditivo derecho sustituido por un bulbo de metal a modo de una fruta, con una sonrisa tenue en la cara. Se levanto de su silla para invitarles a entrar.

  La entrevista fue corta y sirvió para corroborar los datos obtenidos por el Capitán de la Guardia Imperial, además de conocer el producto que se genera y su finalidad. Todo el subsuelo del planeta está oradando para dar cabida a colmenas-fábricas productoras de la principal fuente de alimento para todas las unidades militares de la Guardia Imperial del Segmentum Obscurus. Hace muchos años, los Magus Biologis descubrieron que el fitoplancton que vivía en el mar era un nutriente muy completo y que con dos raciones del mismo, junto con agua y un compuesto azucarado, se podían crear raciones de comida de combate. Tras esto se prepararon todas estas instalaciones y lo que se hace es tomar volúmenes del mar, eliminar los poliacoholes y el agua y tratar el fitoplancton y enlatarlo para su distribución. La razón del secretismo la consiguieron esgrimiendo las acreditaciones inquisitoriales y era para tener el monopolio de dicho mercado y evitar que las cofradías privadas y sobre todo las familias mercantiles de Malfi pudieran hacer la competencia o provocar sabotajes.

  Tras la reunión, una petición un poco exclusiva fue dada a Callidon. Quería oficiar misa para bendecir a los trabajadores. Derecus no vio objeción alguna y dio el visto bueno, además de aviso a la capilla más cercana para que preparasen las estancias para que se alojaran y que el Adeptus Ministrorum que llevaba dicha capilla se pusiese al servicio del Acólito Callidon.

  A la salida, fueron informados por Calvino de la desaparición de la granuja Zeliana. A lo cual y tras un rapapolvo al Arbites, pidieron informes de situación a seguridad. Rápidamente fue localizada en unas celdas cercanas. El Arbites zeltiano que les acompañaba pidió permiso para equiparse con material que había perdido tras el accidente y se fue a los almcenes de dichas celdas, acompañado del taciturno Ignace. Llegaron al almacén y el encargado del mismo, nada mas ver a los dos que entraban, salió corriendo gritando “¡me quieren matar!”. Igance, de repente le pareció ver a ese encargado convertido en un servidor industrial. La visión duró un segundo. Reaccionó rápido y le ordenó al Adeptus Árbites que lo redujese. Éste, saltó el mostrador y tras una rápida carrera lo alcanzó con la porra en la rodilla, partiéndosela y cayendo al suelo. Los gritos de dolor y terror empezaron a llenar el almacén y con miedo de que atrajesen demasiadas miradas, Ignace le inyectó dos dosis de calmante. El Adeptus Zeliano, cuando todo se calmó un poco pudo fijarse en la persona que había reducido y se acordó que era uno de los tantos que aparecían en las listas de Desaparecidos, listas que se actualizaban diariamente y que era uno de los trabajos que tenía que hacer. Intentó interrogarle, pero por la sobredosis de calmante y que rápidamente llegó la seguridad de las celdas, no pudieron mas que dar una mala explicación de su problemas y mandarlo a la Apotecaría militar.

  Cuando consiguieron sacar a la zeliana del calabozo, trámite que les llevó más de una hora, ésta les contó lo que le había ocurrido. En ese momento Ignace y el zeliano pusieron en común lo ocurrido también en el almacén. Justo cuando terminó el relato, ya fuera de la comisaría, se quedaron atónitos cuando, completamente blanca, la zeliana señalaba a un servidor y tartamudeaba algo parecido a “ese era mi primo”.
Ignace, atónito, recordó su “recuerdo” y sin dar explicaciones se fue corriendo junto con el Arbites zeliano a la Apotecaría Militar. Por su parte, el resto se fue a la Capilla donde tenían sus aposentos para descansar tras el largo e intenso día que estaba teniendo y además Callidus con la sana intención de entrevistarse con el clérigo. Pero esa entrevista se tuvo que posponer porque, tras treinta minutos de descanso, por el comunicador pudo ser testigo de una discusión muy acalorada (con disparo de escopeta al techo y todo) entre Ignace y el Magus Biologis Teneran. La razón, no tener acceso al herido recién llegado del almacén del calabozo Teta-2 y por poner en cuarentena al Acólito Titus por la “supuesta” detección de un virus posiblemente peligroso y desconocido. Callidon dio orden expresa de tener las veiticuatro horas a la vista a Titus, lo cual se accedió y el junto con Calvino y Escarlata, volvieron al Administratum para pedir explicaciones sobre la actuación del Magus Biologis a Derecus. Lo que consiguieron fue una entrevista tras una hora de espera con el jefe de personal de la zona en el piso dos. Esto enfadó bastante a Callidon y ese enfado no disminuyó cuando descubrió que el adepto monitorum con el que tenía que tratar el tema era un hombre adicto a la obscura. Tras un breve intercambio infructuoso de palabras, el hombre intentó atacar con un plumín a Callidon, el cual lo redujo gracias a la “efectiva”[1] actuación con una porra aturdidora de Escarlata. Tras una muy breve consulta con Calvino, ese hombre fue acusado por intento de agresión a un miembro del Ministrorum y de Consumo de Sustancias Heréticas y allí mismo, a la vista de todo el mundo, fue sentenciado a muerte y ejecutado por Calvino.

  La vuelta a la Capilla no terminó de calmarlo y tras dejar a sus compañeros, decidió ver si el Cura estaba dando algún oficio. Y era así. Estaba terminando un oficio en una capilla atestada de trabajadores pero descuidada, llena de polvo y mal iluminada. Además vio que el clérigo terminaba abruptamente el oficio tras verle entrar. Pensó que era por su presencia. Después de que todos dejasen la capilla, Callidon se acercó con la intención de felicitar al clérigo, pero en realidad lo que consiguió fue intimidarlo mas. La conversación, inicialmente amigable, empezó a tornarse en un interrogatorio… el clérigo cada vez más nervioso hasta que dio la respuesta incorrecta en tono incorrecto. Callidon, sin pestañear, desenfundó la pistola bolter y de un disparo en la frente, ejecutó al clérigo. El estampido llamó la atención del soldado que hacía de chófer, que entró asustado y empuñando la pistola láser. Vio a Callidon, con el brazo extendido, bañado en sangre, el cañón del arma humeando y el cuerpo del clérigo sin cabeza cayendo sobre unos bancos justo a los pies. “El Dios-Emperador es santo y limpio, hereje”. Fue solo lo que dijo.

Capítulo 7-1                                                                                                            Capítulo 8



[1] Tan efectiva que de un golpe le rompió la crisma y lo dejó moribundo. La porra estaba puesta en aturdir…


2 comentarios:

  1. En breve habrá mas... como muy tarde, el miércoles que viene.

    Me alegro que te esté gustando. ¿Algún consejo, sugerencia, opinión? todo es bien recibido :)

    ResponderEliminar