lunes, 24 de febrero de 2014

Guerras Ofídeas. El juramento.


788.819M41


Obtenida de El Refugio del Friki
    

   La habitación se le hacía pequeña a Elghan van Vuygens. Las estanterías, llenas de tarros con secciones de cuerpos en formol, tomos, placas de datos con anotaciones, esquemas y libros guardados en campos de éxtasis, ahora mismo le sobraban. Sentía una mezcla de intranquilidad y de excitación que no había sentido de lustros pero necesitaba meditar y ver la situación en conjunto.

  Los ánimos dentro del Bastión Serpentis estaban caldeados, hace nada había llegado la noticia de que un don nadie, un acólito había realizado un Exterminatus en el plantea Zel Tertius y antes siquiera de conocer su versión, ya había inquisidores que clamaban por su excomulgación, arresto y castigo. El Gran Inquisidor Caidin había pedido que se le diese un informe completo de la situación y quería la valoración del Inquisidor Zerbe ya que ese acólito estaba adscrito a la Cábala Tiranista. Esto a Elgham no le interesaba lo más mínimo, pero si podía entorpecer las posibles maniobras que empezaba a vislumbrar en su mente, para poder llegar a conseguir la información sobre lo que había ocurrido hace un par de años en un mundo muerto cercano al Halo de Estrellas.

  En los archivos recientes de la Ordo Xenos en el Bastión, los escribas de Elghan han identificado entre la maraña de copias de cuadernos de bitácora e informes navales, encuentros esporádicos con diferentes grupos de los alienígenas en los que está interesado su señor. Casi siempre han sido referencias de Comerciantes libres que informaban de ataques por parte de corsarios, pero un informe fechado en 350.816.M41 y firmado por un Sabio llamado Crownwell, se recopila un encuentro fortuito entre unos xenos y una célula inquisitorial de acólitos identificada como CLO3. La localización exacta fue en el interior de un pecio espacial identificado como Ocaso y llamó la atención a esos sabios este informe porque la descripción de los xenos que aparecía plasmada en esos archivos, concordaba con la de la especie Eldar obscurus, hecho reseñable por su rareza ya que la última aparición de esos seres en el sector se remonta a varios años y fue directamente asociada a la aparición de la Estrella Tirana.

  A partir de ese momento Elghan destinó una parte de sus recursos a intentar encontrar nuevos indicios de la aparición de los eldar oscuros, seres de los que se sabe poco, él menos aún y lo que conoce se puede considerar en gran medida como datos obsoletos o extrapolados de cuentos y leyendas, por lo que no les da demasiada importancia. Hace nada, su red de informantes dentro del Bastión le pudo dar una copia de una conversación transcrita donde se hablaba de una actividad anormal en la Marca de Drusus y que según los sabios del Administratum podía estar relacionada con actividad corsaria de naturaleza eldar en la zona. Así que comenzó a prestar atención y como suele ser normal, de repente todo quedó en silencio, la red de informantes no tenía nada y parecía como si la filtración hubiese desaparecido. Esto era lo que más le inquietaba, que las señales hubieran desaparecido tan abruptamente, porque cuando eso ocurre, normalmente suele ser como consecuencia de una interdicción aplicada por las altas esferas.

  El pequeño transvox de la mesa del estudio comenzó a sonar con un zumbido que consiguió sacar a Elghan de su ensimismamiento. Tras acercarse a la pantalla y ver quién le requería, con un gesto de impaciencia aceptó la transmisión y antes si quiera que su interlocutor se presentase, Elghan habló con tono de impaciencia:

---¿Qué narices quieres Ahmazzi?

---Buenos días Inquisidor van Vuygens, veo que tiene un día tan agradable como el mío ---Ahmazzi, con gesto molesto y tono reprobatorio prosiguió sin dejar opción de réplica---. Quería saber si tiene interés por una serie de datos que han caído en mi poder. Su naturaleza se escapa de mi campo de actuación y siendo usted un reputado integrante de la Ordo Xenos y con un gran conocimiento es este tema, podría serme de suma ayuda---. Su voz no era nada melosa, sino fuerte, directa y su mirada daba a entender que no había ambigüedad ni dobles intenciones en sus palabras.

---Eso dependerá, claro, de lo que me pidas a cambio, que nos conocemos viejo amigo ---en este caso, Elghan sí que dotó de doble sentido a las dos últimas palabras.

---Creo que podemos salir beneficiados los dos. Dentro de poco estaré detrás de la pista de un viejo enemigo, la unidad de Caballeros Grises del sector están ahora mismo en una misión muy importante y tengo pruebas fundadas que tiene contactos con una partida de caza eldar oscuro. La cuestión es que mi futuro agente necesitará de apoyo pesado y tú tienes la potestad de poder pedir apoyo a Deathwatch.

---Sigue. ---Elghan comenzó a prestar atención, conocía desde hacía decenios a ese viejo pero duro inquisidor y, aunque sus ideas a veces le recordaban los argumentos de los Recongregacionistas, era un buen Amaltiano con ganas de volver al campo de batalla.

---Llevo años tras la pista del renegado Natius Osrinn y he conseguido acotar la zona de acción entre el subsector de la Marca de Drusus y la zona limítrofe del Halo de estrellas. Tengo varios operativos funcionando y ahora mismo voy a conseguir la inestimable colaboración del acólito que protagonizó el Incidente Zel Tertius. De este modo, y si se juegan las cartas adecuadamente lo podré tener arrinconado. Una de mis líneas de investigación me ha informado que tiene contactos con una Cábala Eldar Oscuro y eso me inquieta porque pueden desbaratar todo, así que si pones a tus chicos de negro junto con el Interrogador Callidon, podremos conseguir ambos nuestros objetivos.

---Bien, cuenta con una barcaza de la Deathwatch pero no sé cuántos efectivos estarán disponibles para esta misión… porque no sabrás la duración ¿verdad?

---Obviamente no.

---Muy bien, pues si eso es todo… para lo que me pides tengo que moverme rápido. Deberás darme la localización de tu agente para poder enviar la unidad.

---En cuanto lo tenga, descuida que serás el primero en saberlo. Buenas noches.

  La pantalla se apagó y quedó durante unos segundos una luz reminiscente que se extinguió lánguidamente. Elghan seguía inquieto y ahora las preguntas y las dudas se acumulaban en su mente. No iba a realizar la llamada tan pronto sin antes mover algunos hilos, y para ello necesitaba activar a un par de agentes en la propia colmena Sibellus, con la intención de ver si ese tal Callidon estaba en Sibellus, en Tricorne o dónde pudiera estar.

  La cuestión era que ese nombre le sonaba, estaba agazapado en su subconsciente tocando alguna fibra y le impedía concentrarse. Mandó un zángano al planeta con las órdenes pertinentes para sus agentes y se centró en ese nombre, Interrogador Callidon… Callidon… De repente abrió los ojos y una sonrisa traviesa se dibujó en su cara, ya lo tenía y encima delante de sus narices, solo que no era Interrogador, sino un simple acólito. Fue uno de los que intervinieron en la exploración del pecio Ocaso en 816M41 y que trajo al Bastión Serpentis dos objetos, una espada y un libro. El Sabio Crowmwell los describió detalladamente en el informe que tenía ahora mismo activado en la placa de datos que estaba encima de su escritorio. Elghan volvió a activar la pantalla y rápidamente miró quién era el destinatario de ese dossier. Era la Inquisidora Angelica Lillith. Su ceja izquierda se arqueó.

  Dejó la placa en la mesa y decidió que debía mandar esa barcaza y además asegurarse unos ojos y unos oídos bien cerca tanto del Interrogador como del propio Ahmazzi. Posteriormente sintió la maldita necesidad de salir de su estudio y moverse, era algo que siempre le sucedía cuando el grado de ansiedad aumentaba, seguido de la maldita pérdida el control de sus pensamientos y empezaban a formarse ideas en su cabeza y a oír palabras que sabía que no eran suyas. Necesitaba recuperar el control y una forma era cambiando de lugar, moverse. Salió al pequeño pasillo que le llevaba directamente al recibidor de su apartamento y de ahí, sin prácticamente prestar atención, al corredor de la zona habitacional del Bastión. Iba con su túnica de trabajo, su instrumental de disección y necropsias lo llevaba bien guardado en una bolsa compartimentada cogida al cinturón, pero con los pasos se balanceaba y golpeaba su cadera izquierda generando un ruido de tintineo ahogado, rápido y constante. En la otra cadera siempre llevaba una funda para guardar una placa de datos pero esta vez iba vacía. Deambulaba sin un destino concreto, casi sin fijarse con quién se cruzaba… las voces empezaban a formar frases coherentes, “¿por qué huyes?” era la más frecuente y sabía que no era una idea suya, sonaba en su mente con un tono y timbre diferente a su voz. Era aterciopelado, sugerente pero a la vez duro y despiadado “pero si anhelas el conocimiento” fue lo siguiente que escuchó y aumentó su velocidad, casi había pasado al trote. Dos adeptos no terminaron en el suelo de milagro cuando Elghan pasó entre ellos y les golpeó a cada uno en un hombro, de manera que los desequilibró. No escuchó los reproches que le dirigieron. No sabía ya ni el tiempo que llevaba andando ni dónde se encontraba pero esas dos frases parecían un mantra que le iban a romper su realidad cuando, algo visto por el rabillo del ojo, consiguió atrapar la poca concentración que le quedaba. Fue como un ancla para su mente. Se paró y miró un litograma que estaba retrasmitiendo lo que parecía una presentación de algo o alguien, el decorado le recordaba la sala de audiencias del Palacio Tricorne y en el centro había un hombre con una túnica de la eclesiarquía, que aparentaba unos 35 años, de dos metros de alto, piel negra, fornido y flanqueado por otro hombre, delgado y a las claras nacido en el vacío, con el electrotatuaje de psíquico sancionado a la vista y al otro lado una mujer vestida elegantemente enteramente de rojo, con movimientos demasiado fluidos como para ser cortesana. Una voz alta, clara y con tintes mecánicos estaba soltando una serie de alabanzas y relatando algo como unas obligaciones de acción. Las voces de su mente desaparecieron completamente al escuchar “Interrogador Callidon” y volvió su juicio. Pudo prestar atención a lo que veía, identificando claramente la ceremonia como un juramento de misión en el que el mismísimo Gran Inquisidor Caidin tomaba juramento al Interrogador Callidon, al Erudito Oscuro Tybalt y a la Imperator Mortis Escarlata. El juramento era sencillo pero directo, consistía en dar caza y traer a ese mismo salón al Inquisidor renegado y excomulgado Natius Osrinn.ç


  Elghan no salía de su asombro, el maldito viejo de Ahmazzi en eso no le había mentido. Era necesario que tramitase la petición cuanto antes.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada